Lucía Varela, encargada del Museo Histórico de Sarandí, nos invita a apropiarnos del espacio “y vivir la experiencia de nuestra historia”
El Museo Histórico de Sarandí Grande vivió en estas semanas de octubre un protagonismo muy especial, tomando en cuenta el Bicentenario de la Batalla de Sarandí y el primer centenario de las acciones de 1925 cuando la ciudad logró un notable despegue social, de infraestructura y logros edilicios e institucionales.
Lucía Varela es la responsable de este espacio y desde allí difundió todo lo que el Museo tiene para ofrecer. La muestra ‘Ecos del Centenario’ refleja justamente lo que logró la incipiente comunidad de Sarandí en el año 1925, cuando se cumplía el primer siglo de la Batalla.
Ahora, 200 años más tarde del primer hito libertador, los espacios del museo albergan todo tipo de elementos que recuerdan aquellas fechas.
“El 12 de octubre es una fecha que veníamos esperando hace bastante de parte del museo, que por suerte tuvimos un recambio con la muestra ‘Ecos del Centenario’, que recuerda lo que fue logrado en materia de patrimonio. La muestra se armó en conjunto con la comisión y recuerda que hace 100 años estuvo la Comisión de los 33, la que llevó adelante las obras del centenario. Son las obras que conforman la arquitectura, la urbanidad, pero también el que hoy se llamó Sarandí Grande al pueblo que conocemos, es darle un poco de relevancia a todo lo que fue principalmente el programa de obras y recordar algunas de las instituciones porque fueron más de 12”.
Lucía Varela, joven docente de Historia, nos aclara que el tiempo y el espacio suelen ser tiranos también para los museos. “A veces no da el espacio para recordar a todas las instituciones que trabajaron hace 100 años, tampoco el tiempo”.
Centenario y batalla
El fin de semana del Patrimonio, el Museo de Sarandí fue protagonista de recorridas y visitas guiadas. Luego llegó el momento de compartir la muestra ‘Ecos del Centenario’ y más acá en el tiempo, el recuerdo vivo para la Batalla de Sarandí de 1825.
“Tenemos en exposición armas que nos prestó el Museo Militar, tenemos un escudo de armas también, estamos esperando que nos van a traer más cosas del Museo de Florida, una pechera y otros objetos más para también poder mostrar. La idea fue exponer este 12 de octubre una serie de elementos específicos de la batalla, dándole luz a la gesta”, agrega la joven, quien también cursa una maestría por estas horas.
¿Qué te encontraste? ¿La gente sabía lo que había pasado en 1925? ¿Tiene idea que fue en gran parte génesis de lo que hoy conocemos como Sarandí?
Estas preguntas motivan la respuesta de Lucía. “Hay gente que sí, sobre todo gente mayor, claramente hubo gente que recuerda un tío, un abuelo, que le contaba que hubo una comisión. Lo bueno es siempre la curiosidad de la gente, que eso es muy positivo y algo de rescatar, que si van al museo consulten sobre lo que tengan dudas, pregunten, opinen, que el museo está para eso, para responder las dudas de las personas, y por suerte muy buena aceptación. Llegó gente que se fue con más respuestas de las que esperaba, en el sentido de que arrancás a contarle y a conectar una cosa con otra, con otra y le terminás contando la historia de Sarandí. Todo el trabajo de aquella comisión arranca en 1923 con la instalación del monumento a la batalla de Sarandí, pero va continuando, sigue el 25, sigue y sigue, y las obras terminan 10 años después. Entonces, eso está muy bueno, que la gente se apropie del museo y lo haga suyo, por medio del preguntar o gente que te dice, yo tengo en casa determinado objeto que no lo estoy utilizando, o era de mi tatarabuela, yo no lo necesito, te lo traigo.
También es una parte de ser parte activa del museo”.
Más elementos
Luego de muchas décadas, finalmente Sarandí Grande dispone de un espacio que nos recuerda todo lo vivido en aquellas épocas en estos campos. La pregunta que le planteamos a Lucía desde nuestra radio versa sobre la necesidad de contar con más elementos afines a la Batalla de 1825. Varela entiende que efectivamente, ello sería necesario.
“Es una consulta, una duda que también nos hacemos nosotros, ¿por qué no tenemos más? Una es la cuestión técnica de que no tenemos espacio para todo. Es algo que quien vaya al museo ve que ahora tuvimos que cambiar muchas cosas del lugar para que entraran las cosas de lo que fue patrimonio. Y respecto a la batalla, si alguien tiene algo que nos quiera llevar –por ejemplo que haya encontrado una bala de la batalla en el campo- bienvenida sea, que la puede prestar o la puede donar. Pero es verdad que no tenemos mucho referido a la batalla. Estaría buenísimo poder llevarlo adelante, que una zona sea específicamente para la batalla, más allá del cuadro que ahora está de vuelta acá y las armas que es lo principal, la carta de José Costa también”.
La encargada del museo denota entusiasmo a cada paso, a cada palabra o entrevista.
Ese vigor entusiasta lo traslada a los visitantes del museo, que recorren y salen de allí con un conocimiento mayor.
“Bueno, me alegro de recibirlo y espero que así el público también lo sienta, porque por un lado soy profesora de Historia, por otro lado estoy haciendo una maestría en Historia, que la maestría básicamente te enseña a investigar en historia. Imagínense ir a un museo y que te estén contando como un discurso monótono de memoria, no entras más nunca. Podrá decir la persona ‘me contaron todo, no me queda más nada que consultar’ pero prefiero que la persona se vaya del museo con esa idea de procesar la información”.
Los niños presentes
¿Cómo te llevas con los gurises, con los niños, los adolescentes? “Bueno, yo como profesora tengo más trato con los adolescentes, porque es también una edad en la que me siento muy cómoda, son muy curiosos, pero trabajar con niños, que no es a lo que yo estoy acostumbrada, también es desafiante, porque a veces van de un grupo y los niños te preguntan qué es esto, qué es aquello, qué es lo otro, cómo funcionaba, o quién fue la última persona que bajó del tren, como me preguntaron, no tengo tanto detalle, lo siento. A veces no puedo responder todas las preguntas, que es también algo esperable pero te desafía y es un desafío lindo, que a mí me gusta eso. También lo mismo le digo a mis alumnos en el liceo que la mejor forma de desafiar a un docente es saber un poquito más que ellos y tratar de ir con esa pregunta tan al filo, tan al grano, que vos digas, me tengo que sentar a estudiar para responder esto después. Entonces, con los niños tengo esa visión, aunque es verdad que a veces yo que no estoy acostumbrada a estar con niños, el barullo, el tanto del no toque, por favor, que se puede romper, esa es una medida de seguridad que hay que tener siempre presente con los niños, pero también es re lindo. Incluso el más chiquito de Jardinera, que han llegado a ir, que les contás más como el cuentito infantil a veces de las cosas, pero es re lindo. Y como serandienses tenemos también que comenzar a tener esa cultura del museo, que no la teníamos.
Más allá de lo que podemos vivir en otros lugares, en nuestra ciudad no lo teníamos, es muy nuevo. Es algo muy reciente y por suerte la población lo ha recibido bien. No podemos pretender que cada fin de semana haya 200 personas pasando por el museo, yo creo que capaz los museos más grandes en Montevideo no reciben 200 personas al día. Capaz que vas tres fines de semana seguido y encontrás lo mismo, vas cuatro fin de semana y vas a encontrar lo mismo, pero en algún momento vas a encontrar algo nuevo o incluso el mismo objeto que ya veías, por ejemplo el cuadro de la Batalla de Sarandí, que tengo acá, estuvo en Florida y al poder apreciarlo más de cerca encontré nuevos elementos en la pintura. Entonces, el mismo objeto, tratar de volver a verlo en el contexto de los demás objetos que ya están en exposición, capaz que ahora alguien va y ve el cuadro y dice, ah, esa arma que está ahí es la misma que está acá, porque hay una de las armas que trajeron del ejército bastante parecida. Es ir viendo el museo, que los objetos estén diálogo entre ellos y el museo en diálogo con Sarandí, y que la población se lo apropie, que la población lo sienta como un espacio para ir, para disfrutar, para conocer, porque somos sarandíenses, por algo, para ir forjando nuestra identidad como localidad”.
Lucía Varela concluye invitando a los sarandienses a presentar el museo como propio, por ejemplo ante visitantes de otros puntos del territorio.
“Para también poder decir si un día la población sale fuera, así sea que vaya a Durazno o que vaya al Louvre en Francia, en mi localidad también hay un museo y también me están mostrando cosas. E invitar, acostumbrarnos nosotros a recibir gente y llevarlos al museo. Pasó una muchacha finlandesa, estaba de pasada y pasó por el museo. En diciembre del año pasado una chica oriunda de la ciudad recibió amigos australianos, y como habían venido a conocer Sarandí, pasaron por el museo también. No domino mucho el inglés, pero se hizo lo que se pudo y la chiquilina ofició como traductora. Entonces, esas experiencias también son un orgullo”.











