Semanario Punto y Aparte comenzó a escribir la historia de sus 25 años
Este martes 11 de agosto no fue uno más en la historia de Semanario PUNTO Y APARTE de Sarandí Grande. Significó el comienzo de otro camino, el de sus primeros 25 años de existencia.
El cuarto de siglo es el próximo objetivo de la publicación colega, que desde agosto del año 2002 se ubicó en contexto periodístico del interior del país con fuerza propia.
Hoy, está afiliado a la Organización de Prensa del Interior (OPI) y se suma a las tendencias informativas de los medios escritos, alcanzando además de sus suscriptores físicos a aquellos que reciben cada martes la publicación en formato digital a través de correo electrónico.
Su director, Alvaro Aguiar, aludió al aniversario tan especial desde la portada de este martes 11 de agosto de 2026.
En silencio y sin más festejos que redoblar los esfuerzos en tiempos difíciles para los medios escritos, comenzamos a escribir nuestro cuarto de siglo, hacia los 25 años de vida.
Un cuarto de siglo no es poco para un país que tiene dos siglos de historia, más para una sociedad como la nuestra que tiene una profunda identidad local, pero que está ligada a la realidad regional en la cual se encuentra inserta.
PUNTO Y APARTE nació a la luz el 6 de agosto de 2002, aunque la idea fue madurando durante varios meses. La experiencia previa como corresponsales de El Heraldo desde Sarandí Grande de Dino en primera instancia y después de nuestra parte como integrantes del recordado Grupo de Comunicadores de Sarandí Grande, nos dio el valor de emprender un proyecto propio para demostrar que se podía hacer un periodismo diferente, libre, sin ataduras, independiente y disfrutar de una profesión que abrazamos y decidimos desarrollar en el interior del país, lejos de las luces de los grandes medios, que en sus sombras ocultan otras realidades.
Atrás de las pequeñas historias, de los pozos en las calles, del foco del alumbrado público, de las injusticias, del esfuerzo de la gente común del pueblo fuimos y empezamos a caminar. Con aquella primera portada que ilustraba como ninguna el momento que vivíamos en el 2002, una mano solidaria sirviendo una porción de lo más básico de todo, alimentos en tiempos de crisis. Desde ese llano comenzamos a caminar y vivimos tiempos difíciles, pero nos empezamos a llenar de alegrías y emociones.
Las luchas por las integraciones de las Juntas Locales quedaron atrás, y llegaron los Municipios. La Intendencia y el país cambio de manos y de partidos, los raids hípicos acumularon triunfos y campeonatos, el Batalla de Sarandí de llenó de alegrías y tristezas, clubes nacieron y desaparecieron, unos se fueron y volvieron, otros siguen escribiendo sus historias, perdimos el bulevar de la Avenida Artigas, el ferrocarril central nos trajo un nuevo trazado para la vía y nos dejó los rieles marcando un monumento al pasado, creció la obra de José Moreira del caballo, su lucha por el Ansina y Artigas que no se lo aceptaron en un lugar público, con él se fue su música, pero sus caricaturas y sus obras quedaron.
Las pinturas de Adolfo, las Expo Apícolas impulsadas por Mario Torres, los bailes con Irazú y Alcalá, las noches de Isis, Richard y su mano tendida en el parador, Norma en el Panamericano, Jesús en La Picada, el Canario en el Bar Avenida o el Coco en el 12 quedaron en el recuerdo.
Ya no están el Escribano sufriendo por Pintado Wanderers, El Gallego en las Tres Cruces comentando los partidos del Plaza, o el boliche de la Rata en el Barrio Viña para un vino cortado, el Pata y el Chino arbitrando, los juveniles de aquellas primeras selecciones son los padres de los gurises de ahora. Andrés Arocena nos inventó el lago en el parque, crecieron los Mevir, la ruta nos cambia todos los días, quedaron atrás las charlas con el Padre Roberto en la Casa Parroquial, la Iglesia Metodista se vendió y ahora es sede de un canal de TV. Se extraña la imagen de Eduardo Santana y su rebeldía en la Panadería Pisón, los diarios de los clubes, las consultas con Canzani, Sanjuan, Sastre o la Dra. Stopingi. Las yerras del maestro Fleitas en la Sociedad Criolla, ahora tenemos asfalto en la 42 y Polanco queda más cerca. No hay que ir a Antel a hablar por teléfono o mandar los faxes porque tenemos un teléfono en cada bolsillo.
Historias que pasan, historias que quedaron marcadas en las páginas de estos 25 años de crónicas que tienen identidad local, con proyección nacional. Y otras crónicas que estamos empezando a escribir para la próxima edición.
En un solo GRACIAS enorme no entran todos los agradecimientos posibles.


